agosto 16, 2026

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¿MIEDO A COMPROMETERSE EN PAREJA POR TEMOR A PERDER LA LIBERTAD?

Cada vez más personas evitan comprometerse en pareja por miedo a perder la libertad, prefiriendo vínculos sin etiquetas ni compromisos formales. Así lo revela en consulta la psicóloga Teresa Ouro, terapeuta de pareja y sexualidad y fundadora de Psicopareja.

La especialista detecta un cambio profundo en la manera de relacionarse, impulsado por las aplicaciones de citas, la hiperconectividad y la sensación de que siempre existe una mejor opción disponible.

Según explica, muchas personas llegan a terapia sintiendo que ninguna pareja resulta adecuada o que cualquier relación se queda corta frente a tantas alternativas. Ese exceso de opciones vuelve cada vez más difícil comprometerse con una sola persona.

El compromiso, dice la terapeuta, empieza a asociarse con la pérdida de libertad o de identidad, aunque en realidad toda elección también trae ganancias, como profundidad e intimidad. De ese miedo surge una nueva forma de relación: una zona gris entre la amistad y el noviazgo, en la que dos personas comparten tiempo, intimidad y afecto, pero sin ponerle nombre ni asumir responsabilidades emocionales.

La especialista añade que no siempre se trata de una decisión consciente. En muchos casos es resultado del temor a dar el paso o a perder la aparente libertad que ofrece no comprometerse con nadie. Por eso, señala, en consulta ve con frecuencia pacientes que sienten más miedo a comprometerse que a quedarse solos, sobre todo por la presión de elegir bien para siempre.

El fenómeno también se relaciona con el fin del enamoramiento, esa fase inicial de intensidad y mariposas que, según Ouro, tiene fecha de caducidad biológica. Muchas parejas confunden la calma que llega después con indiferencia y terminan la relación justo donde debería empezar el amor real, es decir, cuando la pasión da paso a la elección consciente de quedarse.

Para construir vínculos duraderos, la psicóloga recomienda hablar con sinceridad sobre expectativas y planes de futuro, aprender a equilibrar libertad y compromiso, y entender que la intimidad se sostiene con gestos cotidianos y no solo con el deseo inicial.