La recreación del conflicto entre el imperio otomano y la coalición católica entre España, Venecia y los Estados Pontificios, donde el autor de «El Quijote» perdió el uso de una mano, ha dado turismo y relevancia cultural a la ciudad griega
EFE.- El 7 de octubre de 1571, una coalición cristiana derrotó a la flota otomana en la ciudad griega entonces llamada Lepanto en una batalla en la que combatió Miguel de Cervantes, quien después escribiría «El Quijote»; este fin de semana, la actual Naupacto realizó una recreación, con galeras, cañonazos y fuegos artificiales, de aquella batalla naval.
Ante miles de espectadores, el puerto de esta pequeña ciudad griega de alrededor de 20 mil habitantes —todavía protegido por murallas venecianas—, se convirtió en el escenario de una de las mayores batallas navales de la historia, en la que Cervantes recibió un disparo de arcabuz que le inutilizó la mano izquierda y le valió el apodo, erróneo, de «manco de Lepanto».
Vasilis Gkizas, alcalde de Naupacto, comentó a EFE que la recreación de la famosa batalla impulsa el turismo, la economía y la proyección cultural de la ciudad, que ha duplicado el número de visitantes desde 2018 hasta superar los 35 mil en 2024.
Un viaje en el tiempo
Minutos antes de las 21:00 horas locales del sábado se empezó a escuchar sonido de tambores: son decenas de personas, la mayoría vecinos, que vestidos como infantería española, remeros griegos, caballeros de la Orden de Malta, o simples marineros del siglo XVI se abren paso entre la multitud para llegar a la bocana del puerto.
De repente, el puerto queda a oscuras. Las dos grandes murallas venecianas que flanquean su entrada se iluminan y se convierten, mediante proyecciones, en pantallas gigantes donde aparecen los emblemas de la Liga Santa —la coalición católica liderada por España, Venecia y los Estados Pontificios— y del Imperio otomano.
Las razones de la guerra
Una voz cuya procedencia exacta no se puede identificar, pero que se escucha de forma clara en todo el puerto empieza a narrar los antecedentes que condujeron a la batalla: la caída de Nicosia y otras posesiones venecianas en Chipre en 1570.
Fue el punto de inflexión. Los estados católicos no podían permitir una mayor expansión de la armada otomana en el Mediterráneo, que amenazaría su propio comercio en la región. El enfrentamiento era inevitable.
Dos flotas enfrentadas
En la recreación, las murallas vuelven a apagarse y las luces iluminan ahora dos «galeras» en los dos extremos del puerto. La de la derecha, lleva en sus velas la cruz, en la parte alta del mástil el vigía indica el camino, mientras actores vestidos de infantes españoles y soldados venecianos se preparan para la batalla.
Esa embarcación representa a la flota cristiana, que estaba formada por 206 galeras y seis galeazas, con unos 40 mil marineros y remeros y 25 mil soldados, bajo el mando de Don Juan de Austria, hermanastro del rey Felipe II de España. La Corona española aportó 50 galeras y sufragó la mitad de los gastos de la expedición.

La «galera» de la izquierda, con el emblema de la media luna y la estrella otomana, representa a las 211 galeras y otras 63 embarcaciones otomanas en las que iban alrededor de 34 mil soldados y 55 mil remeros y marineros. A bordo, un actor representa a Ali Pachá, el almirante otomano al frente de ondea al aire su espada turca junto a su cuerpo de élite, los jenízaros.
Música épica, luces intensas e intermitentes y una espesa niebla artificial elevan la tensión mientras las dos embarcaciones se aproximan lentamente hasta quedar una al alcance de los cañones de la otra.
Todo estalla. Una lluvia de fuegos artificiales de todo tipo, lanzados en todas las direcciones, iluminan la noche. En medio de los fogonazos se escuchan gritos de soldados y el sonido de las espadas. Los dos barcos chocan y, tras el abordaje, parecen fundirse en uno solo y comienza el combate cuerpo a cuerpo.
Resultados desastrosos
Históricamente, la batalla terminó con resultados desastrosos para el bando otomano. Se salvan solo 35 de sus casi 280 barcos, mientras que el número de muertos asciende a unos 25 mil.
Las pérdidas de la Liga Santa, aunque cuantiosas, fueron mucho menores, con unos 8 mil muertos, 12 galeras hundidas o capturadas y otras 38 muy dañadas. Además, unos 12 mil cautivos cristianos que remaban en las embarcaciones otomanas fueron liberados.
Lazos culturales
Entre los miles de espectadores llegados de distintos rincones de Europa se encuentra Ariadna, una española de 27 años que vive en Atenas y que ha viajado hasta Lepanto con un amigo griego para presenciar la recreación de la batalla.
«Sí que sabía algo de la batalla, que fue aquí donde Cervantes perdió la mano, pero me faltaba mucha información detrás», dijo Ariadna a EFE y añade que el viaje a Naupacto le ha servido para aprender más sobre la historia de su país y sobre «los lazos culturales que unen Grecia con España».
Se estima que en la batalla participaron unos 25 mil griegos distribuidos entre ambos contrincantes, la mayoría como remeros (libres o cautivos) y marineros.



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