Desde un cuadro pintado por Renoir en 1877, el año en que el movimiento adoptó su nombre, hasta uno de las últimos y más optimistas paisajes de Van Gogh, estarán a la venta el 18 de noviembre en Nueva York
El próximo noviembre en Nueva York se subastarán 12 obras de la colección Blaquier-Arrieta de artistas clave del impresionismo y el postimpresionismo que no se han visto en público en décadas; la casa de subastas Sotheby’s espera que en conjunto se vendan por 450 millones de dólares.
«La colección Blaquier-Arrieta, una de las más destacadas que permanecen hoy en manos privadas, traza la historia del nacimiento del arte moderno a través de pinturas de una calidad que rara vez se ve fuera de los museos, y aun menos en el mercado», señala Sotheby’s en el catálogo de la subasta, a la que puso el título de «Legendaria».
El impresionismo se integró por un grupo de artistas que rechazaron las convenciones académicas de su época «en favor de una relación nueva y directa con la vida moderna», añade.
De esa época cabe destacar «En Canot (Jeune fille à la barque)» —En una canoa (Niña en un bote)—, de Pierre-Auguste Renoir, que data de 1877 —el año en que los impresionistas adoptaron su nombre— y que se espera vender por entre 25 y 35 millones de dólares.
También se subastará «Le Jardin des Tuilleries» —El jardín de las Tullerías—, que Claude Monet pintó en 1876, por el que se esperan entre 15 y 20 millones.
Las obras forman parte de la colección de los argentinos Carlos Pedro Blaquier y Nelly Blaquier de Arrieta y se expondrán en Londres, Taipéi, Hong Kong y París antes de subastarse el 18 de noviembre en Nueva York.
Un Van Gogh raro y optimista encabeza la subasta
La subasta está encabezada por una obra de Vincent van Gogh «excepcionalmente rara», de acuerdo con un comunicado de prensa: «Chataignier en fleurs roses et blanches» (Castaño con flores rosas y blancas), realizada alrededor de mayo de 1890 en Auvers-sur-Oise, donde el pintor pasó los dos últimos meses de su vida.
Van Gogh pintó este lienzo a su llegada a Auvers, tras haber pasado un año internado en el centro psiquiátrico de Saint-Rémy-de-Provence, invadido por un «renovado sentido del optimismo» que se ve reflejado en la obra, destaca la agencia EFE.

Bajo un enorme castaño en flor que se eleva hacia el cielo en el centro de la obra, una figura solitaria «que se asemeja al propio artista» pasea junto a un grupo de tres mujeres que portan sombrillas, «lo que confiere a la escena un simbolismo sereno, casi onírico», resalta Sotheby’s.
Esta pieza, estimada en unos 180 millones de dólares, es uno de los ocho paisajes de Van Gogh que permanecen en manos privadas.
«Arlequín» de Cézanne, la otra estrella
«Arlequín», pintada por Paul Cézanne entre 1888 y 1890, es otra de las estrellas de la subasta, con un precio estimado en 120 millones de dólares. Este cuadro se inspira en los carnavales de Mardi Gras en Aix-en-Provence y forma parte de un grupo de 15 pinturas de figuras de gran formato realizadas entre 1888 y 1896, señala EFE.
La mayoría de esas obras de Cézanne, que según Sotheby’s representan «la cima de su producción figurativa», son parte de las principales colecciones museísticas del mundo.
Según apunta Sotheby’s, se considera que «el imponente ‘Arlequín'», donde Cézanne retrató a su propio hijo, «marca el giro de la pintura hacia la estructura y la abstracción«.
Otras obras principales
Además de los cuatro lienzos mencionados, la casa espera vender en noviembre «Place Théâtre-Français, soleil d’après-midi en hiver» (Lugar Théâtre-Français, sol de tarde en invierno), de Camille Pissarro, por entre 30 y 40 millones, y «Avant la course» (Antes de la carrera), de Edgar Degas, por entre 20 y 30 millones.
También subastará dos obras de Paul Gauguin: «Bateaux au port de Collioure» (Barcos en el puerto de Collioure), por entre 8 y 12 millones, «Fleurs dans une coupe» (Flores en un cuenco), un bodegón tahitiano de la etapa tardía del pintor que «traslada su mismo espíritu de invención a un nuevo registro», por entre 10 y 15 millones.
Completan la subasta piezas de Alfred Sisley y Toulouse-Lautrec, y culmina con André Derain y Maurice de Vlaminck, cuyo uso liberado (o exagerado) del color anunció la llegada del fovismo o fauvismo.



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