septiembre 10, 2026

CALIBRE800RADIO

EL MEJOR NOTICIARIO DE LA RADIO

HALLAN ‘LA PRUEBA MAS ANTIGUA DE CONSUMO DE DROGAS’ EN RESTOS HUMANOS DE HACE UNOS 25 MIL AÑOS

Actualmente, la arecolina, el principal alcaloide de la nuez de betel, aunque poco conocida en las sociedades occidentales es la cuarta sustancia psicoactiva más consumida del mundo, después del alcohol, la cafeína y la nicotina

Restos óseos de dos individuos que fueron cazadores recolectores en la isla indonesia de Célebes (Sulawesi) presentan un patrón de desgaste dental muy inusual, que es indicativo de una práctica de consumo de drogas hasta ahora desconocida: la costumbre de chupar nueces de betel enteras.

La investigación, realizada por arqueólogos de las universidades de Griffith, Australia y Hasanuddin de Makassar, así como la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ambas de Indonesia), demuestra que el uso de la nuez de betel como droga surgió hace unos 25 mil años.

El estudio, publicado este miércoles en la revista Science Advances, ubica el origen de este hábito mucho antes de las fechas que se consideraban hasta ahora, que situaban su inicio en el Neolítico o la Edad del Bronce (hace unos 3 mil 500 años).

“Al haber surgido hace hasta 25 mil años en Sulawesi —mucho antes, por tanto, del inicio de la agricultura—, la costumbre de masticar nuez de betel podría constituir la prueba más antigua de consumo de drogas en todo el mundo”, señala el profesor Adam Brumm, del Centro de Investigación Australiana para la Evolución Humana (ARCHE por el inglés) de Griffith y líder del equipo.

Según señala Brumm en un comunicado de su universidad, «el estudio sugiere que algunos comportamientos modernos relacionados con el consumo de drogas tienen profundas raíces en las tradiciones de los grupos de cazadores-recolectores”.

La cuarta sustancia psicoactiva más consumida del mundo

La nuez de betel, «aunque es poco conocida en las sociedades occidentales, es la cuarta sustancia psicoactiva más consumida del mundo, después del alcohol, la cafeína y la nicotina», señala Brumm.

El consumo de nuez de betel provoca una sensación de euforia leve y un estado de alerta intensificado, entre otros efectos.

Actualmente, los consumidores mezclan la semilla procesada de la palmera Areca catechu (la llamada «nuez» de betel) con cal apagada —que suele obtenerse moliendo conchas calcinadas hasta convertirlas en un polvo fino— y otros ingredientes para formar una pasta conocida como quid, la cual se mastica para obtener el efecto estimulante.

«La cal apagada es un ingrediente esencial porque provoca una reacción química que libera los compuestos psicoactivos de la nuez en el torrente sanguíneo con mayor rapidez», afirmó el profesor Brumm.

Hasta ahora, los orígenes de esta práctica de consumo de drogas habían permanecido inciertos, en gran medida porque las semillas de areca rara vez se conservaban en los yacimientos arqueológicos.

Un descubrimiento revela el consumo prehistórico de drogas

Los restos óseos analizados en la investigación publicada en Science Advances son de dos antiguos cazadores-recolectores de la isla de Sulawesi, uno data de hace entre 25 mil y 16 mil años, y el otro, hace entre 7 mil 600 y 6 mil 300 años.

Ambos individuos presentan un patrón de desgaste dental muy poco usual, de surcos profundos y redondeados, que, según determinó el equipo de investigación, fue causado por la costumbre de chupar nueces de betel enteras.

Vista del cráneo de uno de los esqueletos de cazadores recolectores en la isla de Sulawesi, o Célebes, en Indonesia. Crédito: Fakhri

 

Si bien en la actualidad se usa cal apagada para aumentar química la biodisponibilidad del principal alcaloide neuroactivo de la nuez de betel, la arecolina, el equipo realizó experimentos que demostraron que «el simple hecho de chupar nueces de betel intactas libera arecolina en cantidades suficientes para provocar un efecto fisiológico y alterar la función cerebral», explica Brumm.

Además, los análisis bioquímicos realizados por Carney Matheson detectaron la presencia de arecolina en los tejidos dentales de los antiguos recolectores de Sulawesi, lo que aporta pruebas sólidas de la ingestión de nuez de betel, lo que habría provocado alteraciones drásticas en su dentadura.

Una práctica perjudicial

Si bien el efecto psicoactivo de chupar nueces de betel pudo haber sido más leve que el de masticar las mezclas modernas, el equipo señaló que el hábito era lo suficientemente significativo como para causar efectos mentales, pero también una enfermedad periodontal grave.

Los antiguos recolectores de esta isla solían tener problemas dentales, y dado que la arecolina es un analgésico natural, el equipo sospecha que una de las razones para masticar la nuez de betel era aliviar las molestias del dolor de muelas.

«Sin embargo, con el paso del tiempo, el hábito de masticar estas semillas duras y abrasivas desgastaba tanto los dientes de los recolectores que, en algunos casos, la cámara pulpar quedaba totalmente expuesta; esto debió de resultar extremadamente doloroso, dificultar la alimentación y aumentar considerablemente la incidencia de infecciones dentales crónicas», señala Brumm.

«Así pues, aunque este hábito pudo haber servido como remedio para el dolor de muelas, años de masticar y chupar la nuez de betel acabaron provocando problemas de salud dental mucho más graves, lo que generó un ciclo de consumo habitual y continuado”, añade en el comunicado.

Epílogo de otras drogas antiguas

«Según la evidencia arqueológica actual, las sustancias más antiguas utilizadas por los seres humanos para inducir estados alterados de conciencia —ya sea con fines religiosos o médicos, o por simple recreación— son drogas de origen vegetal», señala el equipó en la revista Science Advances

Por orden de antigüedad, esas drogas son: la cerveza, elaborada por primera vez a partir de cebada (Hordeum spp.) hace unos 13 mil años en Israel; el cactus San Pedro (Trichocereus spp.) y el frijol de mezcal (Sophora secundiflora) hace 10 mil 400 años en Perú y Texas, respectivamente.

De hace alrededor de 8 mil años son los restos más antiguos descubiertos hasta ahora de la coca (Erythroxylum spp.), en Perú, y los hongos psilocibios, en el Sahara.