septiembre 4, 2026

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¿LA INTELIGENCIA SE HEREDA DE LOS PADRES?

El debate sobre si la inteligencia se hereda de la madre tiene raíces científicas, pero la respuesta no es tan simple como se suele presentar en redes sociales. La teoría parte de una investigación del genetista Robert Lehrke, quien encontró que buena parte de los genes relacionados con las habilidades cognitivas se ubican en el cromosoma X.

Las mujeres tienen dos cromosomas X (XX), mientras que los hombres tienen uno solo, acompañado de un Y (XY). Las mujeres siempre transmiten uno de sus dos cromosomas X a sus hijos, mientras que los hombres solo pueden transmitir el suyo a sus hijas, nunca a sus hijos varones. Por eso, estadísticamente, hay más probabilidades de heredar los genes cognitivos ligados al X por la vía materna.

Genes que se activan según el progenitor

Investigadores de la Universidad de Cambridge, trabajando con ratones modificados genéticamente, encontraron genes condicionados que solo se activan cuando provienen de la madre. Si el mismo gen llega por vía paterna, se desactiva. En ese estudio, no se encontró ninguna célula de origen paterno en la corteza cerebral, zona encargada de funciones cognitivas complejas como el lenguaje y el razonamiento.

Los genes de origen paterno también están presentes en el cerebro, pero se concentran más en zonas como el sistema límbico, relacionado con las emociones y los instintos, no tanto con el razonamiento lógico o verbal. Estudios en Escocia han encontrado que el coeficiente intelectual de la madre tiene una correlación fuerte con el de sus hijos, lo que refuerza, aunque no prueba de forma definitiva, la idea de una influencia materna más marcada.

La complejidad de la herencia genética

La comunidad científica sigue debatiendo qué tan sólida es esta teoría. Investigadores en genética señalan que no existen evidencias claras de que la herencia de la inteligencia funcione de forma tan simple y unidireccional. La inteligencia es un rasgo poligénico: depende de la combinación de cientos de genes repartidos por todo el genoma, no solo de los del cromosoma X.

Más allá de la genética, el entorno tiene un papel enorme en el desarrollo cognitivo. El contacto físico temprano, los estímulos mentales, la lectura, una alimentación adecuada y el sueño reparador influyen directamente en cómo se desarrolla el cerebro de un niño. Así que la próxima vez que surja el debate familiar, la respuesta más honesta es: probablemente algo de ambos padres, pero también mucho de cómo creció y con cuánta estimulación.