septiembre 2, 2026

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ARDILLAS, RATONES, CIERVOS, GATOS, BUHOS Y HASTA LAGARTOS; A LOS MONOS TAMBIEN LES GUSTA TENER MASCOTAS

El análisis de 427 casos documentados muestra que los jóvenes se dedican más al juego; las hembras adultas, al acicalamiento, y los machos son más reacios a este tipo de interacciones entre especies

Para la Navidad de 1983, cuando tenía alrededor de 12 años, la gorila Koko utilizó el lenguaje de señas que le había enseñado Francine «Penny» Patterson para pedir a sus entrenadores un gato de regalo.

Temerosos de que lo fuera a dañar, trataron de darle un peluche, que Koko rechazó. Fue hasta el año siguiente que se le permitió elegir un gatito de una camada. Lo llamó «All Ball» y lo cuidó con gran cariño y dedicación.

El caso de Koko y All Ball es peculiar, y hasta controversial, justamente porque la gorila había sido educada un poco como ser humano, pero no es único: los monos, aun si no han aprendido el lenguaje de señas, suelen tener mascotas.

Cyril Grueter, profesos de las universidad de Western Australia y Oxford, comenta que la primera vez que pudo ver este fenómeno fue con una hembra gibón de mejillas blancas del norte (Nomascus leucogenys), en el zoológico de Shanghái.

La mona «sostenía y acariciaba a un ratón que se había colado en su recinto. No intentaba comérselo ni ahuyentarlo. En cambio, el gibón trataba al pequeño roedor con una ternura asombrosa. No podía dejar de preguntarme por qué», comenta Grueter en un artículo en The Conversation.

«Con el paso de los años, comencé a recopilar informes de encuentros similares a partir de revistas científicas, fotografías, videos y observaciones compartidas por otros primatólogos. Lo que inicialmente parecía un puñado de anécdotas curiosas se convirtió gradualmente en un patrón mucho más amplio», añade Grueter.

Recientemente, en julio de este año, Grueter encabezó un equipo de más de 30 científicos que reunieron y publicaron en la revista Primates, «427 casos documentados de primates interactuando con otras especies, abarcando varias décadas, desde la década de 1970 hasta 2025″.

La recopilación revela que «estos encuentros son mucho más frecuentes de lo que los científicos creían» y que representa «un aspecto sorprendentemente extendido del comportamiento de los primates«.

«Conductas afiliativas», del juego al acicalamiento

El estudio de Grueter y sus colegas, cuyo análisis involucró a 88 especies de primates y sus interacciones con otras 127 especies animales, no se enfocó en las asociaciones entre distintas especies de las que se obtienen beneficios tangibles, sino que se centró en las interacciones sociales.

La diversidad de estas especies «fue asombrosa», señala el primatólogo. «Incluía mamíferos como ovejas, tapires, ciervos, cerdos domésticos, gatos y perros, así como búhos, lagartos, sapos e incluso insectos».

Según el análisis, los comportamientos más comunes fueron el juego y el acicalamiento. «Los individuos jóvenes y las crías se dedicaban principalmente al juego, mientras que las hembras adultas tendían más al acicalamiento», señala el equipo en el reporte de la investigación. En cambio, los machos primates adultos son los que menos mostraron estas «conductas afiliativas».

«También encontramos informes de primates que transportaban, se acurrucaban y compartían comida con miembros de otras especies, e incluso los adoptaban ocasionalmente. La mayoría de las interacciones fueron iniciadas por los propios primates«, añade Grueter en The Conversation.

Grueter comenta que uno de sus ejemplos favoritos de estas interacciones «es el caso, ahora bien conocido, de macacos japoneses acicalando y montando sobre el lomo de ciervos sika. Sigue siendo un ejemplo notable de dos especies muy diferentes que interactúan pacíficamente de forma repetida durante largos periodos».

«También me fascinaron algunas observaciones menos comunes, como un langur acariciando atentamente a una ardilla, un gorila de lomo plateado acunando con cuidado a un pequeño gálago (otra especie de primate, pero mucho más pequeña), un bonobo sosteniendo con delicadeza a una cría de mangosta y macacos acicalando perros callejeros» añade.

Sin embargo, añade que si bien «sería tentador describir todos estos encuentros como ejemplos de amistad, la realidad es más compleja«, ya que en ocasiones «el trato brusco o la negligencia a veces resultaban en lesiones o la muerte». También hay un pequeño número de interacciones que «fueron claramente abusivas, con violencia de por medio».

Epílogo de no somos distintos

El equipo comenta en Primates que sus hallazgos «sugieren que ciertas tendencias conductuales relevantes para formas posteriores de compañía entre humanos y animales —como el cuidado, la tolerancia y el juego exploratorio— podrían estar más extendidas entre los primates de lo que se había reconocido anteriormente».Grueter agrega que «estas interacciones sugieren que los primates podrían poseer una mayor capacidad de flexibilidad social, curiosidad y tolerancia hacia otras especies de lo que los investigadores habían estimado previamente».

Para el primatólogo, quizás lo más interesante de es que algunos de los elementos que nos definen como humanos, «podrían tener profundas raíces evolutivas».

Hembra de gibón de mejillas blancas del norte sosteniendo un ratón en el Zoológico de Shanghái, China. Crédito: Cyril Grueter