Seúl. – El último verano de sopa de carne de perro en Corea del Sur transcurre entre la nostalgia de una tradición centenaria y la inevitable transición de un sector que se apaga. En el mercado Sinjin de Seúl, donde antaño hervían decenas de calderos de bosintang, hoy solo dos restaurantes mantienen encendida la llama de un plato que, a partir de 2027, será ilegal.
Lee, dueña de uno de esos establecimientos y con más de cuatro décadas dedicadas al oficio, resume la incertidumbre que la embarga: «Claro que es difícil. El año que viene ya no podré seguir con un negocio al que me he dedicado durante más de 40 años. ¿Cómo voy a saber si otro negocio va a funcionar o no?».
La prohibición, aprobada en 2024, establece un periodo de gracia que finaliza en febrero de 2026 y contempla penas de hasta tres años de prisión o multas de 30 millones de wones (unos 21 mil 700 dólares) para quien críe o sacrifique perros con fines de consumo. La norma ha empujado a miles de comercios a reinventarse o cerrar.
Según datos de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Corea del Sur, de los 2 mil 352 restaurantes registrados que servían carne de perro, mil 902 han optado por cambiar de menú o de negocio y 450 han cerrado definitivamente. Lee, sin embargo, no ve salida fácil: «No hay otra cosa que pueda hacer. Solo me quedan (los platos) de cabra negra. Como la forma de condimentarla es parecida, alguien que solo ha hecho esto toda su vida, ¿de qué otra cosa va a vivir?».
La transición también golpea a las granjas. En mayo quedaban 272 explotaciones activas, un 82 por ciento menos que las mil 537 registradas en 2024, según el Ministerio de Agricultura. Pero el cierre no ha significado el rescate de los animales: de los 393 mil 857 perros contabilizados en granjas clausuradas, cerca del 97 por ciento fueron registrados como «expedidos», categoría que apunta a su envío a mataderos.
Lee Sang-kyung, director de campañas de Humane World for Animals Korea, critica la gestión gubernamental: «Las estadísticas gubernamentales revelan, como era de esperar, que la mayoría de los perros en las granjas durante el período de eliminación gradual de tres años fueron enviados al matadero». El activista denuncia que las condiciones en las granjas restantes siguen siendo precarias, con perros que presentan enfermedades de la piel, desnutrición y deformidades.
Mientras tanto, la dueña del restaurante tradicional cuestiona la lógica de la prohibición: «¿Qué clase de política es esta en Corea del Sur, que el año que viene les quita a los ciudadanos su sustento de vida? ¿Qué país prohíbe por ley un alimento? Entonces, ¿por qué se sacrifican vacas, cerdos o pollos para comer su carne?».
El ocaso del bosintang deja un vacío cultural y económico en una Corea del Sur que, entre la modernidad y la memoria, se despide de un plato que durante siglos marcó los días más calurosos del verano.



Más historias
NEGOCIACIONES PARA PONER FIN DEL CONFLICTO ENTRE EU E IRAN NO ESTAN ACTIVAS, ASEGURA LA CASA BLANCA
ENCUENTRAN CUERPO EN ESTADO DE DESCOMPOSICION DE UN JOVEN EN TREN DE ATERRIZAJE DE UN AVION EN MALASIA
META ACUERDA PAGAR 17 MIL MDD Y LIMITAR SUS REDES A MENORES