agosto 24, 2026

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¿POR QUE LOS GATOS SIEMPRE CAEN DE PIE?

Se cae del sillón, gira en el aire como si nada y aterriza perfectamente sobre sus cuatro patas. Es una escena que cualquier dueño de gato ha visto mil veces, y que durante más de un siglo dejó perplejos a físicos y biólogos por igual: ¿cómo puede un cuerpo girar en el aire sin nada de dónde impulsarse?

Un estudio reciente por fin le puso nombre al mecanismo completo, y la respuesta combina reflejos, anatomía y hasta un poco de física pura.

Todo empezó con una cámara de 1894

El llamado «problema del gato que cae» se documentó por primera vez hace más de 130 años, cuando el fisiólogo francés Étienne-Jules Marey utilizó una de las primeras cámaras de alta velocidad, capaz de capturar 60 imágenes por segundo. Al revisar las secuencias en cámara lenta, logró ver por primera vez cómo el gato giraba su cuerpo en el aire para aterrizar de pie.

El fenómeno intrigaba tanto porque parecía romper un principio básico de la física: la conservación del momento angular. No fue sino hasta 1969 que varios investigadores demostraron matemáticamente que la maniobra sí era posible, siempre que el gato rotara distintas partes de su cuerpo en direcciones opuestas.

El reflejo que se activa desde bebés

La base de todo esto es lo que se conoce como «reflejo de enderezamiento», una habilidad innata que los gatos comienzan a desarrollar entre las tres y las siete semanas de vida. Este mecanismo les permite orientar su cuerpo en el aire en fracciones de segundo para intentar caer sobre sus patas.

Pero saber que existe el reflejo no explicaba del todo cómo lo lograban físicamente, hasta que un estudio reciente fue más a fondo.

El hallazgo que faltaba: el secreto está en la columna

Una investigación publicada en la revista científica The Anatomical Record, dirigida por el fisiólogo veterinario japonés Yasuo Higurashi de la Universidad de Yamaguchi, encontró que la clave está en la propia estructura de la columna vertebral felina.

El equipo analizó las columnas de cinco gatos fallecidos donados para investigación, separando cada una en dos regiones: la torácica, en la parte superior y media de la espalda, y la lumbar, más cerca de la cadera. Cada sección se sometió a pruebas de torsión para medir su rango de movimiento y flexibilidad. El resultado fue claro: la columna torácica es mucho más flexible al giro que la lumbar.

Esa diferencia es la que permite al gato «partir» su cuerpo en dos durante la caída: gira primero la parte delantera hacia el suelo mientras extiende las patas delanteras, lo que genera tensión suficiente para que la parte trasera rote también y complete el giro completo.

No solo teoría: también hicieron la prueba

Para confirmar sus hallazgos, los investigadores realizaron caídas controladas con dos gatos vivos desde una altura cercana a un metro, colocando un cojín grueso para evitar cualquier lesión. Grabaron las caídas y las analizaron cuadro por cuadro, confirmando el mismo patrón de rotación que habían visto en las columnas de laboratorio.

¿Entre más alto caen, es peor?

Aquí viene el dato que sorprende a la mayoría: no necesariamente. Un estudio del Centro Médico Animal de Nueva York analizó los registros veterinarios de gatos que habían caído de edificios de varios pisos, y encontró que el 90 por ciento de los animales sobrevivió a la caída.

Más curioso aún: los gatos que cayeron de entre 7 y 32 pisos sufrieron, en promedio, menos lesiones que los que cayeron de solo 2 a 6 pisos. La explicación tiene lógica: mientras más alta es la caída, más tiempo tiene el gato para enderezarse por completo y, una vez que alcanza su velocidad máxima (cerca de 60 millas por hora), estira las patas como una ardilla voladora, lo que expande su cuerpo y genera resistencia al aire, frenando el impacto.

Una habilidad que ya inspira hasta robots

El hallazgo no se queda solo en curiosidad felina. Ingenieros de robótica están usando estos datos para diseñar drones y robots de rescate capaces de estabilizarse en el aire tras una caída, imitando justamente esa columna flexible. Incluso investigadores espaciales estudian el movimiento para ayudar a astronautas a recuperar su orientación en gravedad cero.

La conclusión: no es magia, es anatomía

El gato no desafía las leyes de la física, simplemente las aprovecha mejor que casi cualquier otro animal. Eso sí, la capacidad no es infalible: factores como la altura, la superficie de aterrizaje y las condiciones del impacto siguen influyendo, así que el reflejo es impresionante, pero no una garantía absoluta.