Se trata de la fusión más antigua que se ha detectado; la más reciente ocurrió con el sistema estelar Sagitario hace más de seis mil millones de años y continúa en la actualidad
Nuestra galaxia, la Vía Láctea, alcanzó su tamaño actual gracias, en parte, a que ha absorbido otras galaxias más pequeñas, y una nueva investigación permitió descubrir «el origen de su primer gran lote de ‘ladrillos’: una galaxia enana a la que llamamos LKH», dice Davide Massari, autor principal del estudio.
La investigación, hecha por personal de universidades y observatorios de países europeos como Italia, Países Bajo y España y publicada este lunes en la revista Nature Astronomy, aporta «pruebas definitivas» de que la fusión entre la Vía Láctea y LKH (por Low-energy-Kraken-Heracles) ocurrió hace unos 11 mil 800 millones de años.
De acuerdo con un comunicado de la NASA, con cuyo Telescopio Espacial Hubble se hicieron las principales observaciones d ela investigación, la fusión galáctica habría ocurrido «apenas dos mil millones de años después del Big Bang«.
Esta no es la primera vez que se informa de una fusión masiva de galaxias para la Vía Láctea; de hecho, «la más reciente en la historia de nuestra galaxia ocurrió con la galaxia enana de Sagitario; comenzó hace más de seis mil millones de años y continúa en la actualidad», añade la NASA.
Antes de esa, hace unos 10 mil millones de años, la Vía Láctea absorbió otra galaxia enana, llamada Gaia-Sausage-Enceladus, una fusión que, de acuerdo con los astrónomos, influyó considerablemente en la estructura del disco estelar de nuestra galaxia. Además, añade la NASA, entre ambos eventos se produjeron otras fusiones de menor envergadura.
Yacimientos arqueológicos cósmicos
El equipo de Massari, quien es miembro del Observatorio de Astrofísica y Ciencia del Espacio de Bolonia, Italia, utilizó el telescopio Hubble para estudiar algunos los cúmulos globulares, que son inmensas agrupaciones, aproximadamente esféricas, que contienen desde decenas de miles hasta unos pocos millones de estrellas.
Las observaciones se centraron en «39 cúmulos globulares situados en los 20 mil años luz más internos de nuestra galaxia», que pueden considerarse como «yacimientos arqueológicos cósmicos» ya que, en principio, deberían conservarse los vestigios de las fusiones galácticas más antiguas de la Vía Láctea.

«Gracias a la alta resolución y profundidad de las imágenes del Hubble, pudimos medir la edad y el contenido de metales de estos cúmulos con una precisión sin precedentes», señala en el comunicado de la NASA Chiara Zerbinati, coautora del estudio e investigadora de la Universidad de Bolonia.
Zerbinati cometa que esos datos se combinaron con mediciones obtenidas por la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA), gracias a lo cual «fue posible distinguir una población de cúmulos globulares diferente a las demás. Se trata de los cúmulos que se originaron en LKH; ellos nos revelan cuándo fue devorada esa galaxia por la nuestra y cuál era su masa».
El equipo descubrió que estos cúmulos son más antiguos que el grupo proveniente de la fusión con Gaia-Sausage-Enceladus, pero más jóvenes que los nacidos en la propia Vía Láctea, que provendrían de una galaxia enana cuya masa estelar equivalía aproximadamente a 500 millones de veces la del Sol, similar a la que tenía entonces la Vía Láctea.
Para nombrar a la galaxia enana, Massari y sus colegas retomaron nombres de supuestas poblaciones estelares que se habían propuesto anteriormente: Baja energía, Kraken y Hércules.



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