agosto 14, 2026

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¿LOS NIÑOS DE ANTES ERAN MAS FUERTES?

Salir de casa después del desayuno, jugar durante horas sin teléfono celular y regresar cuando comenzaban a encenderse las luces de la calle fue una infancia bastante normal para quienes crecieron durante las décadas de 1960 y 1970. Hoy ese estilo de crianza parecería demasiado libre, pero existe una idea psicológica interesante detrás: enfrentar pequeñas dificultades sin intervención constante puede ayudar a desarrollar autonomía y tolerancia a la frustración.

De ahí surge la afirmación viral de que quienes nacieron aproximadamente durante esas décadas poseen una “fortaleza mental inusual”. La frase resulta atractiva, aunque necesita una precisión importante: la ciencia no ha descubierto que nacer en un año determinado otorgue automáticamente mayor resiliencia. Lo que sí estudia la psicología es cómo las experiencias de infancia, el contexto social y la exposición manejable a dificultades pueden influir en nuestra manera de afrontar problemas décadas después.

Crecer sin un adulto resolviendo cada problema

Muchos niños de aquella generación tenían más oportunidades para desplazarse solos, negociar con otros niños, aburrirse y solucionar conflictos sin que un adulto apareciera inmediatamente. Perder un partido, discutir con un amigo o caerse de la bicicleta podía convertirse en una pequeña lección práctica: había que recuperarse, buscar una solución y continuar.

Estas experiencias encajan con una idea importante dentro del estudio de la resiliencia: afrontar determinados niveles de dificultad puede ayudar a desarrollar herramientas para enfrentar posteriormente situaciones complicadas. Un seguimiento realizado con personas nacidas en Escocia en 1936 encontró incluso que haber atravesado un mayor número de determinados estresores durante los primeros años se relacionó con mayor resiliencia en la vejez, aunque eso no significa que el trauma sea beneficioso.

Resolver cosas solo puede generar confianza

Aprender a preparar algo sencillo, llegar caminando a casa, administrar un pequeño presupuesto o resolver una discusión entre amigos proporcionaba oportunidades constantes para comprobar que era posible salir adelante sin ayuda inmediata. Ese aprendizaje puede reforzar una sensación de autoeficacia: la confianza de que una persona posee recursos para enfrentarse a un reto.

De adultos, ese patrón puede traducirse en mayor comodidad ante situaciones inciertas, capacidad para improvisar y menos necesidad de tener todo perfectamente planeado antes de actuar.

Pero no existe una “generación invencible”

Aquí conviene desmontar otra parte del mito. Un estudio con más de mil 500 adultos encontró que la resiliencia como rasgo permanecía relativamente estable a lo largo de varias décadas y estaba relacionada con numerosos factores, entre ellos personalidad, educación, experiencias adversas, síntomas depresivos y características individuales. La edad por sí sola no explicaba quién era más resiliente.

Por eso no sería correcto afirmar que una persona nacida en 1968 necesariamente soportará mejor una crisis que alguien nacido en 1998. Dentro de cualquier generación existen enormes diferencias.

La independencia también tuvo un costo emocional

Aquella crianza del “arréglatelas tú solo” no produjo únicamente ventajas. Personas acostumbradas desde pequeñas a resolver problemas sin pedir ayuda pueden llegar a la edad adulta sintiendo que depender de alguien es señal de debilidad. Algunas minimizan el cansancio, guardan preocupaciones o tardan demasiado en reconocer que necesitan apoyo.

La misma autonomía que ayuda durante una crisis puede convertirse en hiperindependencia cuando alguien siente que debe manejar absolutamente todo sin compañía. En otras palabras: saber resistir no siempre significa saber cuidarse.

Los niños actuales no son necesariamente menos fuertes

Comparar generaciones también puede llevar rápidamente a la clásica frase de que “antes los niños eran más resistentes”. La realidad es más compleja. Los niños y adolescentes actuales enfrentan dificultades distintas: exposición permanente a redes sociales, comparación digital, cambios tecnológicos acelerados, presión académica y nuevas formas de interacción social.

Investigaciones recientes sobre jóvenes de la generación Z muestran que su bienestar depende de una mezcla de factores individuales, familiares, sociales y digitales, no simplemente de haber recibido demasiada protección. Además, una infancia con mayor supervisión puede ofrecer ventajas que antes no estaban disponibles, como una mejor detección de problemas emocionales, bullying, dificultades de aprendizaje o situaciones de abuso.

El verdadero secreto probablemente está en el equilibrio

La psicología moderna no propone volver a una infancia en la que los niños pasaban el día sin que nadie supiera dónde estaban. La idea más útil es ofrecer autonomía acorde con la edad. Dejar que un niño resuelva una discusión antes de intervenir, permitirle equivocarse en una tarea, asignarle responsabilidades domésticas o dejarlo experimentar aburrimiento puede ayudar a desarrollar capacidad para afrontar frustraciones. Al mismo tiempo, debe saber que existe un adulto disponible cuando el problema realmente supera sus recursos.

No necesitas haber nacido en 1965 para desarrollar resiliencia

La fortaleza psicológica tampoco queda congelada al terminar la infancia. La resiliencia puede desarrollarse mediante experiencias, relaciones de apoyo, solución de problemas y aprendizaje emocional durante distintas etapas de la vida. Además, no consiste en soportarlo todo sin quejarse, sino en adaptarse y recuperar el funcionamiento después de una dificultad.

Quizá por eso quienes crecieron durante los años 60 y 70 reconocen tantas cosas de sí mismos en esta teoría. Muchos tuvieron que aprender temprano a entretenerse solos, resolver conflictos y continuar después de pequeños tropiezos. Pero su verdadera ventaja, cuando existe, probablemente no está escrita en el año de nacimiento. Está en aquellas tardes donde algo salió mal, no apareció inmediatamente un adulto para solucionarlo y descubrieron que podían encontrar la salida por su cuenta.