Un juez de lo Familiar en el municipio de Centro, Tabasco, ordenó a un hombre contribuir económicamente a la manutención del perro que compartió con su expareja. La resolución, emitida tras varios meses de litigio, fija una aportación provisional equivalente al 3 por ciento de sus ingresos, alrededor de 700 pesos mensuales, más gastos veterinarios.
El caso comenzó en mayo de 2025, cuando Estela, quien quedó a cargo del husky siberiano de tres años llamado Lucas, solicitó que su expareja siguiera aportando para su cuidado. La mujer argumentó que durante la relación ambos habían asumido juntos las responsabilidades del animal y consideró injusto cargar sola con los gastos tras la separación.
Un fallo que reconoce a los animales como seres sintientes
La decisión judicial no convierte a Lucas en acreedor alimentario como una persona ni establece una pensión universal para mascotas. Su alcance se limita a este procedimiento y responde a las condiciones particulares del caso, como el acuerdo previo de la pareja y las necesidades del perro.
Sin embargo, el juez no trató al husky como un simple objeto a repartir. Consideró que es un ser sintiente, dependiente de cuidados humanos y parte de una familia multiespecie, concepto que describe hogares donde los animales ocupan un lugar afectivo y cotidiano.
La abogada Bellanila Andrea Hernández Reyes señaló que se trata del primer caso de este tipo resuelto favorablemente en Tabasco. El fallo podría servir como referencia para futuras disputas sobre manutención, convivencia o custodia de animales, aunque la legislación estatal aún carece de una figura específica que regule las pensiones para mascotas.
Prevención y acuerdos tras la separación
El caso evidencia una realidad que muchas parejas no prevén al adoptar o comprar un animal juntas. Tras una ruptura, deben decidir quién se queda con el animal, cómo se reparten los gastos, cómo serán las visitas y quién tomará decisiones ante emergencias veterinarias.
Dejar estos acuerdos por escrito puede evitar que la mascota termine abandonada o sea usada como instrumento de presión. Facturas veterinarias, cartillas, comprobantes de alimento y registros de adopción ayudan a demostrar quién participó activamente en su cuidado.
Lucas continuará viviendo con Estela, pero su manutención ya no dependerá solo de ella. “Lo primordial era defender a mi perro y ver por su bienestar”, expresó. Más allá de la cantidad fijada, la resolución abre una conversación sobre las responsabilidades que sobreviven al fin de una relación: separarse no implica dejar de responder por el animal que ambos decidieron integrar a su familia.


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