Una serie de experimentos muestra que la arquitectura básica de la mente se comparte incluso con especies de las que nos separan alrededor de 25 millones de años de evolución
Hasta ahora, el pensamiento abstracto como el que implica la geometría, se ha considerado fuera del alcance de los primates no humanos; sin embargo, un nuevo estudio sugiere no sólo que nuestros parientes más cercanos son capaces de tener intuición geométrica, sino que esa capacidad es muy similar a la nuestra.
Esta principal conclusión de un nuevo estudio que se publica este lunes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, que analizó el pensamiento geométrico en especies de primates de las que nos separan alrededor de 25 millones de años de evolución y los comparó con niños y adultos humanos.
«Lo que nos sorprendió no fue sólo que los monos pudieran realizar las tareas —afirma Jessica Cantlon, neurocientífica cognitiva de la Universidad Carnegie Mellon y autora principal del estudio—, fue que monos, niños y adultos parecían pensar sobre las relaciones geométricas de una manera fundamentalmente similar.
«Esto sugiere que estas intuiciones forman parte de la arquitectura básica de la mente de los primates», añade Cantlon en un comunicado de la universidad.
“Tú también te confundirías”
En el Zoológico de Seneca Park en Nueva York está el Portal de Primates, un proyecto conjunto entre la Universidad Carnegie Mellon y el Instituto Tecnológico de Rochester para estudiar los orígenes y la naturaleza del pensamiento, que cuenta con una pantalla táctil con la que los babuinos oliva en cautiverio pueden interactuar mientras realizan sus actividades diarias.
Cantlon y su equipo ofrecieron a babuinos oliva (Papio anubis) y macacos rhesus (Macaca mulatta) nutritivos bocadillos de fruta a cambio de que participaran en un juego de emparejamiento de figuras geométricas bidimensionales en una pantalla táctil, cosa que podían hacer en cualquier momento gracias a la automatización del sistema dispensador.
“Puede parecer fácil, pero en realidad es bastante difícil, porque no hay características distintivas entre los objetos, ni grandes diferencias de color, tamaño o forma”, explica Cantlon, por lo que los monos debían encontrar la pareja correcta basándose únicamente en cierta similitud geométrica, que además podía cambiar en las distintas parejas.
“Tú también te confundirías”, dijo Cantlon cuando se le preguntó si un adulto tendría dificultades con el juego de emparejamiento.
De hecho, en colaboración con Caroline DeLong, del Instituto Tecnológico de Rochester, se realizó el mismo experimento con decenas de niños en edad preescolar (de tres a seis años) en la Escuela Infantil de la CMU, 21 adultos estadounidenses y 79 adultos del pueblo indígena Tsimane’ de Bolivia.
Los tsimane’ son un grupó de agricultores y recolectores que no reciben el mismo tipo de educación formal que hay en lugares como Estados Unidos, se señala en el comunicado.
“Esto nos permitió diferenciar la edad de la experiencia cultural”, explicó Cantlon. “Porque a veces, al estudiar algo en niños, puede ser difícil discernir si su capacidad es innata o adquirida a través de la educación o la experiencia”.
De manera un tanto sorprendentes, la investigación descubrió que en todos los grupos —las dos especies de primates no humanos, así como los niños y adultos humanos—, existía una clara continuidad en la forma en que primates y humanos concebían la geometría básica.
Intuiciones evolutivamente antiguas
“La intuición geométrica es algo que los humanos eventualmente transforman en matemáticas y ciencias”, afirma Cantlon. “Por lo tanto, si queremos comprender cómo aprenden geometría los niños, necesitamos entender qué conocimientos previos tienen antes de que comience la instrucción formal».
«Este estudio sugiere que los niños parten de intuiciones profundas y evolutivamente antiguas sobre la forma y el espacio. La educación puede construir sobre esas intuiciones en lugar de tratar la geometría como algo que debe enseñarse desde cero”, añade.
Jialin Li, estudiante de segundo año de doctorado en Carnegie Mellon y autora principal del estudio de geometría, destaca a Kalamata, uno de los babuinos que «era el mono más trabajador que he visto», comentó.
«Se acercaba a la pantalla y esperaba a que encendiera la computadora, y luego se quedaba allí sentado durante dos o tres horas realizando todo tipo de tareas matemáticas».
El origen del pensamiento humano
Desde una piedra de 70 mil años grabada con líneas paralelas recurrentes hasta un colmillo de mamut de 35 mil años con 88 muescas organizadas en filas, la arqueología nos dice que los humanos han sido sensibles a la geometría euclidiana desde hace mucho tiempo, señala el comunicado de Carnegie Mellon.
“Es una de las primeras cosas que los humanos querían plasmar por escrito. Y ese tipo de intuiciones nos resultan automáticas, porque las hemos codificado profundamente”, señala Cantlon. “Pero incluso pensar en una forma bidimensional y comprender las propiedades que comparte con otro objeto es un tipo de cognición realmente abstracta”.
Ahora sabemos que los monos comparten con nosotros al menos parte de ese tipo de cognición realmente abstracta, además de su ya conocida capacidad para usar herramientas, recordar rostros e incluso aprender a comunicarse con los humanos mediante el lenguaje de señas.


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