Los estigmas sociales generan estrés, ansiedad y miedo en aquellos hombres que no cumplen con esos ideales.
La exigencia que motiva a algunos hombres a ser buenos en la cama puede convertirse en su peor enemigo. Más aún si su referente del “buen sexo” está construido sobre lo que ven en la pornografía o en “lo que mejor le funcionó a mi mejor amigo”.
De ahí que su placer es propenso a disminuir drásticamente cuando no cumplen ese “ideal” que la sociedad les ha dictado, por ejemplo: tener un pene erecto y de buen tamaño, sustanciosas eyaculaciones, horas de actividad penetrativa, etcétera.
El “ideal” que amenaza a los hombres
Tanto la sexualidad femenina como la masculina están rodeadas de estigmas sociales y hasta mitos que influyen no sólo en el rendimiento o el disfrute, también en la autoestima sexual de la persona.
Camila Lavalle, educadora sexual de JoyClub, explica que las mujeres son afectadas principalmente por el desconocimiento de sus cuerpos; mientras que el estereotipo de ser “más sexuales” o “los que saben cómo tener sexo” genera ansiedad en aquellos hombres que no los cumplen.
“Se nos ha educado en la parte performativa: tener que hacer un buen trabajo”, dijo por su parte el psiquiatra y sexólogo, Moisés Franco Madero.
El asunto es que este performance se conforma de conductas y cualidades alejadas de la realidad y, por ende, casi imposibles de cumplir. Y, por supuesto, de ninguna manera permiten al varón descubrir y saber qué disfruta; qué no; cuáles fantasías quiere cumplir, o cómo goza su sexualidad más allá de los actos penetrativos.
“Esto hace que se alejen de su placer”, señala Lavalle. “El demostrar que tienen cierto rendimiento hace que se desconecten de ellos mismos”.
A consecuencia del coitocentrismo y falocentrismo, un de las principales ideas de este constructo es que “sin un pene erecto no hay sexo”; lo cual deja de lado a prácticas eróticas igual de importantes, por ejemplo: la masturbación, las fantasías, el juego previo o el aftercare. Es decir, y en palabras de Franco, “todos esos componentes experienciales”.
Sin embargo, no basta con tener un pene erecto. Factores como la duración de ésta o el tiempo que tardan en eyacular también influyen de manera importante para “definir qué tan hombres son” o “cuál es su valor”. “Su pene dice mucho de ellos y más en un evento sexual”, dijo Lavalle.
Estos constructos influyen tanto en los varones, que cualquier sospecha de disfunción eréctil parece motivo suficiente para ir al urólogo, cuando, quizás, la solución era acudir a una terapeuta: “Muchas veces llegan diciendo: ‘Es que mis amigos me cuentan esto y a mí no me pasa’”, compartió el sexólogo, Rogelio López Custodio.
Incluso, llegan a desarrollar cierto nivel de ansiedad sexual. Es decir, el miedo o tensión por no desempeñarse como se esperaría, generando así estrés; una constante creencia de que “no le va a gustar” a su pareja, y temores irracionales provocados por malas experiencias —en su mayoría menores o genuinamente aisladas—.
“Por ejemplo: que una vez al hombre ‘no se le paró’ porque tomó mucho alcohol. Siente mucha vergüenza y en la siguiente relación sexual ya está predispuesto a que pueda pasar eso. Entonces esa ansiedad y cortisol hace que no ‘se le vuelva a parar’. (…)
Pero no porque una vez no se haya tenido la respuesta física deseada, significa que siempre va a pasar así. (…) Eso no significa absolutamente nada de tí”, abundó Lavalle.


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