Han pasado siete años desde que uno de los episodios más dolorosos en la historia de la frontera cambió para siempre la vida de El Paso.
Sin embargo, para las familias de las víctimas, los sobrevivientes, los socorristas, periodistas y miles de habitantes de la región, el tiempo no ha borrado las heridas que dejó el ataque terrorista ocurrido el 3 de agosto de 2019 en el Walmart Supercenter de Cielo Vista.
Aquella mañana Patrick Crusius, un joven de 21 años originario de Allen, Texas, recorrió más de 600 millas hasta El Paso con un objetivo: atacar a la comunidad mexicoamericana. Armado con un rifle de asalto, ingresó al establecimiento y comenzó a disparar indiscriminadamente contra decenas de personas que efectuaban sus compras para el regreso a clases.
El atentado dejó 23 personas asesinadas y 22 más heridas, convirtiéndose en uno de los ataques motivados por odio racial más mortales en la historia reciente de Estados Unidos.
Para las autoridades federales, estatales y las familias de las víctimas, se trató de un crimen de odio y un acto de terrorismo doméstico dirigido contra la comunidad hispana de la frontera.
Aunque Crusius finalmente fue condenado y permanecerá el resto de su vida en prisión sin posibilidad de libertad condicional, el camino hacia la sentencia estuvo marcado por años de incertidumbre y controversia.
Diversas familias expresaron su inconformidad con el manejo inicial del proceso judicial por parte de la entonces fiscal de Distrito, Yvonne Rosales, al considerar que las constantes demoras y decisiones adoptadas durante la integración del expediente prolongaron innecesariamente su sufrimiento y afectaron particularmente a varias familias mexicanas que buscaban justicia.
Con la llegada del nuevo fiscal de Distrito, James Montoya, el caso tomó un nuevo rumbo hasta concretarse la sentencia que permitió cerrar el proceso penal, aunque no el dolor de quienes perdieron a un ser querido.
“Hubo un sentimiento de alivio porque finalmente hubo justicia, pero ninguna sentencia devolverá a quienes murieron ese día”, coinciden familiares que cada año acuden al memorial levantado frente al Walmart y al Jardín de Sanación, en el Parque Ascárate.
La terapeuta de salud mental Mallela Ramírez, con más de diez años de experiencia clínica y egresada de la Universidad de Texas en 2016, explica que la masacre no afectó únicamente a quienes estuvieron presentes durante el ataque.
Lo ocurrido en El Paso, señala, constituye lo que en psicología se conoce como un “trauma colectivo”. “No solamente resultaron afectados quienes estaban dentro del Walmart. También los primeros respondientes, policías, paramédicos, trabajadores de la tienda y, en realidad, toda la comunidad vivió ese trauma. Fue un crimen de odio contra los hispanos que impactó emocionalmente a toda la ciudad”, explicó la consejera de PupFish LLC Counseling.
La especialista recuerda que después del atentado muchas personas dejaron de acudir a Walmart, evitaban salir de sus casas y comenzaron a experimentar ansiedad, depresión, ataques de pánico y síntomas compatibles con trastorno de estrés postraumático. “Había personas que simplemente ya no querían regresar a una tienda. Otras no podían dormir o sufrían pesadillas. Cada persona procesa el trauma de manera distinta”.
Ramírez señala que las fechas conmemorativas suelen reactivar emociones que parecían superadas. “Los aniversarios vuelven a traer recuerdos. Las familias regresan al memorial, la comunidad escucha nuevamente la historia y eso revive el dolor. Es algo que continuará ocurriendo durante muchos años”.
La terapeuta afirma que el proceso de recuperación nunca es igual para todos. “Hay personas que pueden regresar relativamente rápido a su vida cotidiana y otras que necesitan años para sentirse seguras nuevamente. Es un proceso completamente individual”.
Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es que muchas personas creen haber superado un evento traumático cuando en realidad sólo han reprimido sus emociones. “La mente puede bloquear muchos recuerdos para protegernos, pero el cuerpo recuerda absolutamente todo”.
Explica que esas emociones pueden reaparecer años después mediante ansiedad, ataques de pánico, insomnio, depresión o miedo a salir de casa.
“Muchas veces las personas dicen ‘ya estoy bien’, pero de pronto comienzan las pesadillas o la ansiedad. Es el cuerpo diciéndoles que todavía existe un trauma que necesita ser procesado”.
Ramírez sostiene que el objetivo del tratamiento psicológico no consiste en borrar lo ocurrido, sino en aprender a vivir con ello sin que controle la vida de la persona.
“Esto nunca desaparece completamente, pero sí puede tratarse. La ansiedad, el miedo y los ataques de pánico pueden disminuir con terapia, herramientas de respiración, meditación y, cuando es necesario, con apoyo médico”.
La especialista lamenta que durante muchos años existiera entre la comunidad hispana la idea de que acudir a terapia era una señal de debilidad.
“Después de la masacre vimos un cambio muy importante. Muchas familias comenzaron a entender que pedir ayuda psicológica también forma parte del proceso de recuperación”.
Uno de los ejemplos más claros de ese trauma colectivo es Armando Vela, fotógrafo profesional de El Diario de El Paso.
Aquel sábado no estaba trabajando. Había acudido al centro comercial como cualquier ciudadano cuando escuchó los primeros gritos. “Vi a la gente salir corriendo del Walmart gritando que había una balacera. Primero pensé que era una confusión, pero cuando entendí lo que estaba pasando, saqué mi teléfono y empecé a documentarlo porque soy fotógrafo de noticias”.
Sin saberlo, se convirtió en el único periodista presente durante los primeros minutos del ataque. Sus imágenes dieron la vuelta al mundo y fueron publicadas por medios locales, nacionales e internacionales. Sin embargo, el costo emocional fue enorme.
“Pensé que era la exclusiva de mi carrera, pero después ya no quería subir las fotografías. Cuando vi salir a las personas heridas en los carritos de supermercado, ya no pude más. Me fui a mi casa y empecé a llorar”.
Aunque regresó posteriormente con su equipo fotográfico para continuar cubriendo la noticia, reconoce que el impacto emocional lo acompañó durante años.
“Tuve que ir a terapia. No podía dormir. Me hablaban para entrevistas y durante varios años no podía aceptar que no lograba controlar mis emociones”.
Durante la entrevista, mientras recordaba aquellos momentos, su voz comenzó a quebrarse, y agregó: “Yo pensaba que ya lo había superado… pero ahorita que estamos hablando otra vez… todavía me afecta”, expresó entre lágrimas.
Armando reconoce que la sentencia contra Patrick Crusius representó cierto alivio para las familias. “Me dio gusto por las familias porque hubo justicia, pero eso se lo dejo a la ley y a Dios. Él hizo algo muy malo”.
Sin embargo, coincide con la terapeuta en que una sentencia no borra las consecuencias emocionales. La justicia puede ofrecer tranquilidad, pero no elimina el trauma que permanece en quienes vivieron el ataque de cerca.
Cada aniversario, decenas de personas se reúnen en la Grand Candela, el monumento de casi nueve metros de altura construido por Walmart frente a la tienda donde ocurrió la tragedia. Ahí colocan flores, veladoras, fotografías y mensajes en memoria de quienes perdieron la vida. El Jardín de Sanación, en el Parque Ascárate, es otro de los sitios visitados por las familias.
Para muchos sobrevivientes, regresar al lugar representa un acto de recuerdo, pero también una forma de enfrentar el miedo.
Siete años después, El Paso continúa siendo reconocido por la solidaridad que mostró durante los días posteriores al ataque.
Sin embargo, especialistas advierten que las heridas psicológicas de una tragedia de esta magnitud no desaparecen con el paso del tiempo.
“La ansiedad, la depresión, el miedo y los recuerdos no deben controlar nuestra vida”, concluye la terapeuta Mallela Ramírez. “Hay que hablar del trauma, buscar ayuda y procesarlo. Sólo así podemos aprender a vivir con él”.
Mientras tanto, para las familias de las 23 personas asesinadas, para los 22 heridos sobrevivientes, para quienes documentaron el horror y para una comunidad que fue blanco del odio, el 3 de agosto seguirá siendo una fecha imposible de olvidar, una herida que aprendió a cicatrizar, pero que jamás desaparecerá por completo.
Este 3 de agosto, autoridades del Consulado General de México en El Paso, la Ciudad de El Paso y el Condado de El Paso llevarán a cabo distintas ceremonias luctuosas para recordar y honrar la memoria de las 23 personas que perdieron la vida, acompañar a sus familias y reiterar el rechazo de la región a la violencia, el racismo y los crímenes de odio.
Los actos conmemorativos reunirán a autoridades, sobrevivientes, familiares de las víctimas, representantes comunitarios y residentes de ambos lados de la frontera. Durante las ceremonias se guardarán momentos de silencio y se realizarán homenajes para recordar a quienes murieron en el ataque, así como para reconocer la fortaleza de las personas que sobrevivieron y de los primeros respondientes que atendieron la emergencia.
La participación del Consulado de México adquiere especial relevancia debido a que varias de las víctimas eran ciudadanos mexicanos o integrantes de familias binacionales. El atentado golpeó a una comunidad en la que los lazos familiares, sociales y económicos se extienden diariamente entre El Paso, Ciudad Juárez y otras poblaciones de la región Paso del Norte.
Las conmemoraciones también servirán para reafirmar que El Paso es una ciudad fuerte, solidaria y unida, cuyos habitantes respondieron al odio con muestras de generosidad, apoyo y compasión. Tras la masacre, miles de personas donaron sangre, brindaron ayuda económica, acompañaron a las familias y participaron en vigilias realizadas a ambos lados de la frontera.
Esa respuesta convirtió a El Paso en un ejemplo mundial de solidaridad ante la adversidad. Frente a un ataque cuyo propósito era provocar miedo y división, la comunidad respondió con unidad bajo el mensaje “El Paso Strong”, una expresión que desde entonces representa la fortaleza y resistencia de toda la región.
A siete años de distancia, las autoridades reiterarán que recordar a las víctimas no consiste únicamente en mencionar sus nombres, sino también en mantener vigente el compromiso de combatir el odio, proteger la diversidad y procurar que una tragedia de esta magnitud nunca se repita.


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