Estos festejos le han sabido a gloria a la presidenta Claudia Sheinbaum que, por las fotos y video compartidos por su oficina de prensa, ha festejado cada gol, cada triunfo de la oncena futbolista como si fuera una victoria de su propio equipo de gobierno.
Antes de que empezara el Mundial de Futbol el gobierno de Morena estaba sumido en una crisis severa. El horizonte político amenazaba con una tormenta perfecta que la oposición ya celebraba de manera anticipada. Además de las marchas y bloqueos del magisterio disidente, tenía encima las acusaciones de colusión criminal de varios de sus miembros, las negociaciones del acuerdo comercial con Estados Unidos muy atoradas, las amenazas de Trump de intervenir militarmente para acabar con el narcotráfico y las estimaciones de nulo crecimiento económico.
Pero los tres triunfos de la Selección nacional le ha traído una bocanada de aire que le ha permitido respirar algo de tranquilidad al menos por unos días.
Los festejos de miles de aficionados al futbol por todo el país, sobre todo en la capital, han sido una válvula de escape y despresurización social que ha distendido el malestar de miles de familias agobiadas por la violencia, la falta de empleo y el incremento de la canasta básica. Basta con mirar todos los días las protestas y marchas de las familias que buscan a sus seres perdidos o los transportistas bloqueando carreteras o los pequeños grupos sociales cerrando vías importantes de comunicación para comprobar ese malestar social permanente y constante.
Estos festejos le han sabido a gloria a la presidenta Claudia Sheinbaum que, por las fotos y video compartidos por su oficina de prensa, ha festejado cada gol, cada triunfo de la oncena futbolista como si fuera una victoria de su propio equipo de gobierno.
Los tres juegos ganados por la Selección nacional han sido para la presidenta Sheinbaum un remanso, una pausa entre tantos problemas que su equipo no ha sabido enfrentar, como las pésimas negociaciones que hubo con la CNTE, el derrame de petróleo, la reforma electoral y las acusaciones de vínculos con el narcotráfico de gobernadores y legisladores de Morena.
En el transcurso de los dos años de su administración se ha hecho evidente que el gobierno de Sheinbaum no tiene buenos negociadores, que carece de personas que sepan o que conozcan las estrategias de resolución de crisis para salir de la mejor manera, de ahí que en varias ocasiones la presidenta haya manifestado su cólera dando un manotazo en el escritorio o gritándole a sus secretarios encargados de resolver alguna de las crisis que diariamente la agobian.
Estos problemas tuvieron sus efectos en una baja de popularidad de la presidenta Sheinbaum en varias encuestas. Mientras que en Morena los escándalos de varios de sus integrantes mermó sus preferencias en las elecciones intermedias de Coahuila y Durango con una derrota de la que cobró factura Andrés Manuel López Beltrán, el hijo del expresidente.
Frente a todo este panorama adverso que ha querido ser capitalizado por la oposición, el Mundial y, sobre todo, los partidos ganados de la Selección ofrecieron una pausa al gobierno que podría aprovechar para replantear propuestas de solución a los múltiples conflictos que tiene en su agenda.
Incluso podría plantear cambios en el gabinete aprovechando que algunos de sus integrantes buscan candidaturas a gobernador o a diputado federal.
Queda pendiente si la Selección nacional de futbol siga avanzando en la eliminatoria y como ha ocurrido en otros países, quizá el ejemplo más claro sea Argentina, la política gubernamental vaya por el mismo camino o, en términos futboleros, juegue en la misma cancha y que los goles marquen el derrotero de su futuro incierto.


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