El 87.5 por ciento del profesorado en esta frontera presentó un agotamiento emocional, mental y físico de mediano a alto el año pasado, revelaron datos de la publicación “Síndrome de burnout en docentes de educación básica”, contenida en el Repositorio de Revistas Científicas de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ).
El análisis agrega que el 12.5 por ciento obtuvo niveles bajos a medios de despersonalización y el 20.8 por ciento manifestó una percepción mediana de realización personal, indicando una satisfacción profesional moderada.
“El síndrome de burnout en los docentes es un fenómeno cada vez más frecuente, que se debe a una combinación de factores inmersos en el entorno educativo, las demandas de la profesión, e incluso los rasgos y características de la vida personal de los profesionales de la educación”, destaca el estudio mostrado.
La investigación explica que las responsabilidades de un profesor no se limitaron a impartir clases, sino que también incluyeron la planificación diaria de las actividades, la corrección de tareas, la preparación de materiales didácticos, la aplicación, revisión y evaluación de actividades y la adaptación de las lecciones a las necesidades individuales de los alumnos.
“Este proceso generó una constante actualización profesional, que les implicó tomar capacitaciones y formarse en nuevas metodologías y tecnologías de la información”.
Se encontró también que el síndrome de “burnout” afectó más a la población docente que estuvo frente a grupo, a comparación de profesores de clases especiales que no tuvieron una relación cercana con los alumnos.
A su vez, se encontró que los docentes de clases especiales sufrieron más estrés por la falta de conocimiento en tecnologías, debido a que su trabajo es más físico, presencial y con uso de materiales didácticos manipulables, más que con el uso de las tecnologías de la información, y durante el confinamiento de pandemia, por ejemplo, fue completamente virtual.
“Por lo tanto, el exceso de horas de trabajo diarias, a fin de estar al pendiente de tareas, evaluaciones y clases con los estudiantes, desencadenó una situación crítica que llevó a la desorganización de la vida del profesorado, propiciando estrés crónico, muchas veces sin siquiera tener conciencia de ello”, puntualiza el análisis presentado.
Además, la falta de reconocimiento y valoración del trabajo docente fue un factor importante en el desarrollo del “burnout”, debido a que los profesores sienten que, a pesar de los esfuerzos y dedicación que invierten en sus alumnos, su trabajo no es debidamente apreciado ni recompensado, impactando negativamente en su sentido de realización personal, destaca.



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