En el marco de las Jornadas de Conmemoración del Origen de la Revolución Mexicana, la sesión del Congreso del Estado fue trasladada al “Pueblito Mexicano” por motivo de los 115 años de la Toma de Ciudad Juárez.
Durante la Revolución Mexicana, Ciudad Juárez fue uno de los epicentros de batalla en el estado. Entre el 8 y el 10 de mayo de 1911, tras varias batallas, las fuerzas maderistas capturaron la plaza de la ciudad. Este hecho dio un vuelco al levantamiento armado, y Gustavo Madero tuvo el poder militar suficiente para negociar con Porfirio Díaz.
Según investigaciones y testimonios que han sobrevivido, se han registrado tres puntos esenciales: las tensiones al interior de la toma, los errores de algunos jefes militares y la ruina de la ciudad tras el combate.
En uno de los registros, el periodista Timothy G. Turner describió las tensiones que se vivieron al interior de las tropas rebeldes, destacando que, en los momentos más violentos de la Revolución, hubo también humanismo y respeto hacia la vida de los ciudadanos.
“Algunos de los residentes habían sido atrapados en sus casas. Vi a una anciana y un niño, un niñito. Los rebeldes los trataban con amabilidad, dándoles un poco de agua, porque no tenían una gota para beber”.
El periodista orozquista T.F. Serrano escribió sobre los acontecimientos mientras residía en El Paso. Su punto de vista fue elaborado desde el exterior, aunque nutrido por los testimonios de juarenses que huyeron a la ciudad vecina en busca de refugio.
“Hay una multitud de gente a todo lo largo del río en el lado de acá y en la entrada de los puentes. Ciudad Juárez, visto desde este lado, presenta el aspecto de un cementerio: todo solo, todos los comercios cerrados, la gente viniéndose a El Paso, donde están llenos los hoteles”.
Turner, por su parte, detalló en sus notas el siguiente fragmento, que da cuenta de cómo fue percibida la violencia por los juarenses:
“En la calle, una de las bombas federales había explotado en un supermercado chino de la esquina, y tirados en medio de la calle estaban los cadáveres de los chinos, con sus ropas quemadas. Esto enfureció a los rebeldes. Por primera vez su buen humor había desaparecido. Sabían que estaban ante una guerra inmoral”.
El capitán federal Rafael Aguilar justificó la pérdida no por la fuerza y el empeño de las tropas maderistas, sino por la “ineptitud” del general Navarro, quien estuvo al mando de las fuerzas federales.
“Apenas puede creerse la noticia de la caída de Juárez, y la única causa que resalta evidente es la ineptitud completa del general Navarro; ahí está como precioso testimonio el grupo de oficiales que, con lágrimas de sangre, le pedían a su jefe que no se rindiera, que se retiraran 24 horas antes”.
El investigador José Manuel García, quien ha dedicado parte de su carrera al estudio de la Revolución en Juárez, ha calificado la Toma de Ciudad Juárez como un acontecimiento crucial en la historia de México, sin perder de vista que la lucha armada fue, en última instancia, una catástrofe para los civiles y una lucha de egos entre militares.



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