Expertos analizan rutas hacia una urbanización más sostenible y equitativa
La Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) presentó este 14 de agosto, el libro electrónico Ciudades incluyentes: enseñanza y práctica, una obra colectiva que reunió investigaciones y experiencias académicas encaminadas a reflexionar sobre uno de los principales desafíos del desarrollo urbano contemporáneo: construir ciudades más habitables, equitativas e incluyentes.
La publicación fue coordinada por la doctora Marisol Rodríguez Sosa, profesora investigadora de la UACJ y coordinadora de la Maestría en Planificación y Desarrollo Urbano, y reunió una selección de las ponencias mejor evaluadas que fueron presentadas durante el Congreso de la Asociación Nacional de Escuelas de Planeación, Urbanismo y Diseño Urbano, realizado en Ciudad Juárez, Chihuahua, en 2024.
La promoción se realizó en la Librería Universitaria, en el Centro Cultural de las Fronteras (CCF), con la participación de la catedrática Rodríguez Sosa, del doctor Erick Sánchez Flores y el doctor Gabriel García Moreno.
Rodríguez Sosa explicó que la obra no reunió la totalidad de los trabajos presentados durante el encuentro, sino una selección de aquellas investigaciones que obtuvieron las mejores evaluaciones. El resultado fue un volumen organizado en tres partes, mediante el cual se abordó la inclusión tanto desde la enseñanza del urbanismo como desde la práctica profesional.
La académica señaló que el concepto de inclusión adquirió una dimensión transversal en el libro, pues debía considerarse no solo en el diseño físico de las ciudades, sino también en los procesos educativos, la vivienda, la planeación territorial, el espacio público y la movilidad.
Esta perspectiva se vinculó con los principios establecidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en la Ley General de Asentamientos Humanos, así como con los planteamientos de la Agenda 2030 y el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11, orientado a lograr ciudades y comunidades inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles.
La inclusión comenzó desde la formación profesional
La primera parte de la publicación, Inclusión educativa y enseñanza de la disciplina del urbanismo llevó la discusión al ámbito académico y cuestionó la manera en que se estaban formando los profesionales responsables de intervenir en las ciudades.
Uno de los capítulos analizó las necesidades educativas actuales de la Licenciatura en Planeación de la Universidad Autónoma del Estado de México, a partir de las opiniones de especialistas. El segundo abordó el proceso de evaluación realizado para el rediseño curricular de la Licenciatura en Diseño Urbano y del Paisaje de la UACJ, considerando las necesidades planteadas por estudiantes, docentes y empleadores.
Rodríguez Sosa explicó que este último trabajo también estuvo relacionado con su experiencia al frente de dicho programa académico, que coordinó durante nueve años, hasta 2024.
Desde esta perspectiva, la inclusión no se limitó a las características físicas de una ciudad. También implicó formar profesionales capaces de reconocer las necesidades de una sociedad diversa y de comprender los problemas urbanos desde una perspectiva contextual e interdisciplinaria.
¿La vivienda puede ser accesible y, al mismo tiempo, excluyente?
La segunda parte de la obra se concentra en la vivienda y las comunidades incluyentes. En este apartado, los investigadores analizaron alternativas para enfrentar fenómenos como la segregación socioeconómica, la periferización y el acceso desigual a los beneficios de la urbanización.
Uno de los trabajos fue desarrollado por la doctora Rodríguez Sosa y el doctor Sánchez Flores, subdirector de Vinculación de la UACJ, profesor investigador del Departamento de Arquitectura y docente del Doctorado en Estudios Urbanos.
Su capítulo abordó la zonificación incluyente y planteó una idea central: la inclusión de la vivienda social no podía reducirse a colocar rampas, eliminar barreras arquitectónicas o incorporar elementos de accesibilidad universal.
Sánchez Flores reveló que una vivienda podía contar con condiciones adecuadas para personas con discapacidad y, aun así, resultar excluyente si se encontraba en una zona periférica, sin servicios suficientes, infraestructura consolidada o acceso eficiente a las oportunidades que ofrecía la ciudad.
El problema, de acuerdo con el investigador, estaba relacionado también con el valor del suelo. La vivienda destinada a familias de menores ingresos había tendido a desplazarse hacia terrenos periféricos donde los costos eran menores, pero donde también podían presentarse mayores dificultades de movilidad, acceso a servicios, infraestructura y seguridad.
Ante esta situación, la investigación propuso utilizar la planeación urbana como una herramienta para favorecer una mezcla de vivienda social con otros tipos de vivienda en zonas consolidadas o semiconsolidadas.
La propuesta buscó que las familias de menores ingresos también pudieran beneficiarse de la infraestructura y los servicios existentes en sectores consolidados de la ciudad. Para los investigadores, esa mezcla podía convertirse en un mecanismo de inclusión y avanzar hacia una verdadera urbanización incluyente.
El suelo también determina quién puede acceder a la ciudad
El estudio incorporó además un ejercicio de estimación de costos para una vivienda social de 44 metros cuadrados, tomando como referencia diferentes zonas de la ciudad con disponibilidad de suelo.
Los investigadores analizaron los costos del terreno, la construcción y la urbanización para explorar distintas formas de distribuirlos y mantener el precio de la vivienda en niveles accesibles sin obligar a las familias a trasladarse hacia áreas alejadas de la ciudad.
La investigación formó parte de una trayectoria académica que Rodríguez Sosa y Sánchez Flores habían desarrollado durante varios años en torno a la densificación y la planificación urbana. El proyecto original había comenzado aproximadamente en 2014 y recibió financiamiento del entonces Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Posteriormente, sus resultados dieron lugar a distintas investigaciones y publicaciones.
Esta línea de trabajo también se vinculó con investigaciones realizadas durante la pandemia de COVID-19, cuando los académicos analizaron la relación entre densidad urbana, movilidad y comportamiento de los contagios en distintas ciudades y municipios metropolitanos del país.
Los resultados cuestionaron la idea de que una mayor densidad urbana estuviera necesariamente relacionada con mayores tasas de contagio y llevaron a considerar otros factores, como el tamaño de las ciudades y los desplazamientos de la población.
Espacios públicos que todavía dejan a personas fuera
La tercera parte del libro trasladó la reflexión hacia el espacio público y la movilidad inclusiva.
En este apartado se analizaron las condiciones de calles, plazas y otros espacios urbanos que, pese a estar destinados al uso colectivo, todavía presentaban barreras para determinados sectores de la población.
Rodríguez Sosa señaló que muchos espacios continuaban diseñándose a partir de un usuario considerado como estándar, sin contemplar suficientemente las necesidades de personas con discapacidad o con dificultades para desplazarse.
La problemática también aparecía en elementos aparentemente cotidianos, como los tiempos de los semáforos, que podían representar una barrera para determinadas personas.
El libro incorporó además una mirada crítica sobre el uso del concepto de inclusión como estrategia de promoción y marketing, así como investigaciones sobre movilidad activa, accesibilidad y derecho a la ciudad.
De esta manera, la obra mostró que la exclusión urbana no siempre era evidente. Podía encontrarse en la ubicación de una vivienda, en la falta de transporte, en una calle inaccesible, en una plaza que no consideraba distintas formas de movilidad o incluso en la manera en que se formaba a los futuros profesionales encargados de planear las ciudades.
La reflexión que trascendie a Ciudad Juárez
Para Rodríguez Sosa, una de las principales conclusiones derivadas del trabajo colectivo fue que la inclusión no constituía un problema exclusivo de Ciudad Juárez.
Las investigaciones reunidas involucraron experiencias y casos de distintas ciudades mexicanas, entre ellas Guadalajara, San Luis Potosí, Ciudad de México y Ciudad Juárez, lo que permitió observar que los desafíos relacionados con la vivienda, el territorio, la movilidad y el espacio público compartían características que trascendían las fronteras de una sola ciudad.
La académica destacó que el papel de la universidad debía ser colaborativo. Desde la investigación, explicó, no se buscaba acusar o señalar a un sector determinado, sino observar los fenómenos urbanos, identificar problemas y aportar alternativas que pudieran ser consideradas por los sectores público y privado, así como por la sociedad civil.
Bajo esa perspectiva, Ciudades incluyentes: enseñanza y práctica no se presentó únicamente como un diagnóstico de las dificultades urbanas. La publicación reunió propuestas, análisis y experiencias académicas que buscaron contribuir a la solución de problemas concretos y a una mejor comprensión de las condiciones que determinaban quién podía disfrutar plenamente de los beneficios de la ciudad.
Así, desde las aulas hasta la vivienda y desde las calles hasta el espacio público, la obra planteó que construir ciudades incluyentes requería revisar la manera en que se enseñaba, se planeaba y se intervenía el territorio.
El desafío, de acuerdo con las reflexiones reunidas en el volumen, consistió en pasar de una inclusión entendida únicamente como discurso a una práctica urbana capaz de garantizar que más personas pudieran habitar, recorrer y disfrutar la ciudad en condiciones de mayor equidad.



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